La inquietante retorica de Trump hacia China

Desde su primer día de campaña, el mandatario electo de Estados Unidos, Donald Trump, parece haber tenido la intención de comenzar una guerra con China. Ha tildado al país asiático de manipulador de divisas y prometió que impondría un arancel de 45% a los productos chinos. Pero quizás uno de los momentos más polémicos ocurrió en Indiana, a principios de mayo, cuando sugirió que China estaba “violando” a Estados Unidos: “Es el mayor robo en la historia mundial”, afirmó.

En dicha ocasión, el magnate de la construcción se estaba refiriendo al enorme desbalance comercial entre Beijing y Washington y a las supuestas prácticas comerciales injustas de China con Estados Unidos, sobre todo las relacionadas con el dumping del acero, que están poniendo en la cuerda floja a la industria estadounidense. Y no es para menos. En el último año, la competencia china ha inundado al país con materiales de construcción subsidiados por el Gobierno central, con precios inferiores al costo de producción. Esto hace casi imposible que los productores locales tengan una oportunidad en el mercado. Según datos del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, en el último año se han perdido alrededor de 15 mil empleos relacionados con el sector del acero y el hierro en el país.

Trump habri´a comprado enormes cantidades de aluminio y acero chino

“Debemos traer de vuelta a nuestros trabajadores”, manifestó Trump durante uno de los últimos debates presidenciales transmitidos por televisión. “Si uno echa un vistazo a lo que está pasando con el acero y el costo del acero, y el dumping de grandes cantidades de acero chino por todos los Estados Unidos, el resultado es la muerte de nuestros trabajadores y de nuestras compañías acereras”. El discurso del hombre que pronto asumirá como el 45º Presidente de los Estados Unidos, funciona dentro de su retórica de “hacer a Estados Unidos nuevamente grande”. Sin embargo, a principios de octubre salió a la luz una inquietante investigación publicada por la revista Newsweek en la cual se comprobó que, en vez de apoyar a la industria metalera local, tras bambalinas, Trump había comprado enormes cantidades de aluminio y acero chino para al menos dos de sus últimos proyectos.

El primero habría sido el Trump International Hotel Las Vegas, abierto en 2008 y, el segundo, el Trump International Hotel and Tower de Chicago, inaugurado en 2009. En ambos casos, solo es posible conocer el origen de algunos de los metales empleados para la construcción, como acero y aluminio, tras pelar capa tras capa la enmarañada cadena de compañías y divisiones fantasma que se encuentran entre los proveedores en China continental y Hong Kong y el vendedor final, en Estados Unidos.

“Trump es un farsante”, manifestó Leo Gerard, presidente del sindicato United Steelworkers, tras conocerse el origen de los materiales. “En ninguna faceta de su vida ha hecho nada por nadie, salvo por sí mismo”. En contraste con la rabia de algunos estadounidenses, el Gobierno chino tan solo se ha limitado a decir que “ha seguido de cerca las declaraciones del Sr. Trump durante su campaña presidencial” y que -”estará observando de cercalo que haga una vez asuma su cargo”, como le explicó a un grupo de periodistas en Washington el viceministro de Comercio Internacional de China, Zhang Xingchen, a finales de noviembre. Es posible, incluso, que las políticas comerciales que adelante Trump no golpeen tan fuerte al gigante asiático. Según Bloomberg, en los últimos cinco años las exportaciones de acero chino a Estados Unidos solo han representado en promedio 2,3% del total de las exportaciones, y el comercio internacional “a lo mucho significa una potencial salida del enorme problema de sobrecapacidad local”. Al parecer, Beijing tiene mayores preocupaciones con los problemas internos que se puedan generar a causa de la desaceleración económica o la volatilidad los mercados. Jack Ma, fundador de Alibaba y uno de los hombres más ricos de China, no obstante considera que una buena relación entre las principales economías del mundo podría traer muchas soluciones, “pero si los países no trabajan juntos es posible que ocurra un desastre”, según afirmó en entrevista con CNN Money. A mediados de noviembre, se viralizó en las redes sociales un video de la nieta de Trump, Arabella, recitando un poema en mandarín, con muy buena pronunciación. Mientras que algunos cibernautas aprovecharon la ocasión para decir que el millonario después de todo “llevaba a China en su corazón”, otros aconsejaron no darle una lectura tan profunda a las imágenes, dado que “la verdadera actitud de Trump hacia China aún está por verse”.