El debate sobre el EEM de China tiene al mundo polarizado

Por: Mateo Herrera

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El 11 de diciembre del año pasado el mundo entero estaba a la expectativa. Habían pasado 15 años desde que China se adhirió a la Organización Mundial del Comercio (OMC) como economía en transición, y finalmente había llegado la hora en que la organización debía decidir si el dragón asiático realmente aprendió a jugar bajo las reglas del comercio internacional justo o no.

Sin embargo, una decisión que después de tanto tiempo debía ser fácil, terminó convirtiéndose en un interminable debate mundial que aún no se resuelve. “Hemos perdido mucho tiempo”, confesó Franck Proust, miembro del Parlamento Europeo. “Desde 2001 sabemos que esta fecha llegaría, pero infortunadamente esta propuesta no será promulgada antes del verano de 2017, en el mejor de los casos”.

Las cosas se hicieron difíciles para la OMC, sobre todo en el transcurso del último año. En Bruselas, a principios de 2016, más de 5.200 representantes de la industria acerera se reunieron alrededor del edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea, para manifestar en contra de otorgarle a China el estatus de economía de mercado (EEM). Por su parte, en Estados Unidos, cientos de trabajadores de “cuello azul” unieron sus voces y culparon a China por la pérdida de miles de empleos y por el deterioro de la industria acerera local.

“Estados Unidos aún está preocupado por los graves desequilibrios en la economía estatal de China, como la sobrecapacidad generalizada en la producción, incluso en las industrias del acero y del aluminio, y la significativa propiedad estatal en muchas industrias y sectores”, manifestó el Departamento de Comercio en un comunicado. “China no ha hecho las reformas necesarias para operar según los principios del mercado”.

Beijing sostuvo que el hecho de que sus principales socios comerciales no le hayan otorgado el EEM como se prometió, fue un ejemplo de “proteccionismo encubierto” y “doble moral”. Pero, a la larga, mientras la OMC decide cómo avanzar, al Partido Comunista parece tenerle sin cuidado cualquier decisión que tome la organización comercial en el futuro. A fin de cuentas, los líderes chinos tienen la firme convicción de que, cumplidos los 15 años en la OMC, y según lo acordado en el Protocolo de Adhesión, su país se convirtió automáticamente en un miembro formal de la organización.

Al tratarse de la segunda mayor economía del mundo, este ha sido uno de los debates más álgidos de los últimos tiempos, al menos en el panorama comercial. A pesar de que grandes naciones como Japón, México y Canadá apoyan la posición de Estados Unidos y de buena parte de los países del sur de Europa, 88 de los 162 integrantes de la OMC consideran que China sí respeta las reglas del juego limpio.

Sea o no una decisión influenciada por factores políticos, lo cierto es que a pesar de los problemas de sobrecapacidad y la desaceleración económica de los últimos años, no cabe duda de que China ha contribuido al desarrollo de un mundo más globalizado y al fortalecimiento de los mecanismos comerciales en todo el planeta.

Además de posicionarse como la segunda mayor economía, a nivel mundial China ahora ocupa el primer puesto como exportador de bienes de todo tipo, el segundo como importador de los mismos, y es el principal socio comercial de 130 países. Incluso, durante los años recientes, la economía del gigante asiático ha representado un 25% del total del PIB Mundial.  

“Creo que la contribución de China al crecimiento del comercio mundial desde que ingresó a la OMC en 2001 es algo sin precedentes”, advirtió Nicholas Lardy, reconocido experto en economía china, en un programa televisivo de la agencia estatal Xinhua. “Ningún otro país ha aumentado su participación en el comercio mundial tan rápidamente como China desde que ingresó a la organización”.

Sin importar lo que piense Beijing, lo cierto es que mientras la OMC no llegue a una resolución definitiva, China seguirá siendo considerada como una economía de no-mercado. Esto significa que todos los países, no solo aquellos que han batallado en contra del EEM de China, podrán seguir interponiendo acusaciones de dumping y aplicando salvaguardias de manera discrecional y sin acudir a la OMC.  

Si así van a ser las cosas, al menos en cuanto a Estados Unidos, es posible que China asuma una actitud de “ojo por ojo”. Según un artículo publicado por el diario Global Times, “un lote de pedidos de Boeing será sustituido por Airbus, las ventas de autos y iPhone en China sufrirán un revés, y las importaciones de soya y maíz estadounidenses serán detenidas”.